Estamos en una época que siempre han pasado ya treinta años…y volver a disfrutar de El Último de la Fila en directo no se escapa de esta idea… Hemos seguido a Manolo y a Quimi en sus quehaceres individuales en sus pequeños (o grandes) catálogos de seres y estares, pero había ganas de juntarlos de nuevo y que no fuera un desbarajuste piramidal (y no lo fue).

Lo peor: l’Estadi Olímpic, me había perjurado después de un concierto de Metallica que intentaría no volver a caer,  pero caí de nuevo….desastre de organización para entrar en pista…lejanía con los artistas… precios desorbitados para una birra…pero es lo que hay….supongo que era mucho pedir que volvieran a hacer nueve Zelestes (eso ya no volverá).

Lo mejor: la música y las letras, imborrables de nuestras mentes, ese surrealismo mágico de esas historias inconexas llenas de hombres y mujeres, a veces vestidos de hombres rana.  Hay mil versos que recordar, me niego a poner ejemplos, aunque os recomiendo una cuenta de instagram @palabraspegadas que ha ido dejando pegados versos de este par por Barcelona, a cada cuál mejor para cada quién los quiera entender.

Manolo y Quimi són d’aqui, són dels nostres, no hay duda, són de Barcelona i es moren de calor….esto no tiene precio en esta nueva ciudad tan cosmopolita y tan diferente a la de nuestra juventud, la misma que nos arremetió por un par de horas en las que nos confundimos y nos vimos capaces de montar una insurrección en Disneylandia lejos de las leyes de los hombres, solo por ver a El Último de la Fila.

Y en el silencio te oigo palpitar, siempre hay un alba en la que despertar, coge mi mano y duerme junto a mi, si no te importa me quedaré aquí  (Dulces Sueños)